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La ciencia para la paz y el desarrollo

La ciencia para la paz y el desarrollo

La longevidad de la gran causa de la ciencia
y la necesidad de los cambios “ahora”

Para honrar el “Día mundial de la ciencia para la paz y el desarrollo”

Se dice que los albores de la ciencia están determinados por la pregunta del Ser Humano sobre cuáles eran las causas y cuales los efectos de los fenómenos naturales que debía enfrentar. El objeto de la ciencia ha sido y seguirá siendo la naturaleza, aunque en el transcurso del tiempo surjan decenas de disciplinas que parecen alejarse del objetivo inicial, pero todas ellas han nacido destinadas al estudio de los fenómenos de nuestra naturaleza. La medicina humana, en cuanto ciencia, por lo mismo, tiene como objeto el estudio de la naturaleza de la que estamos hechos y que al mismo tiempo somos. Desde otra mirada, la ciencia compromete el comportamiento humano, tanto si dicho comportamiento lleva a un conocimiento útil, adecuado, verdadero y objetivo en torno a la naturaleza como sí no. Todo lo concerniente al proceder humano se intersecta con la ética y lo moral, de manera que no es posible, a fin de cuentas, separar los resultados de nuestras investigaciones del sentido y el propósito original que los impulsó. La visión de la ciencia que tenemos en la actualidad es producto de un proceso histórico, de una lucha en la que sólo han sobrevivido las teorías vencedoras, pero ni siquiera ello nos libera de la responsabilidad de actuar consecuentemente con lo que creemos, más bien por el contrario, nos compromete a dar todo lo posible en función de la gran causa de la ciencia, más allá que pertenezcamos a tal o cual sociedad científica y podamos acceder a las leyes y reglamentos que nos regulan desde las estrategias estatales. La ciencia y la conciencia no pueden separarse, aun cuando a veces el abuso de la ciencia no genere peso en la conciencia de los abusadores.

La revolución científica del siglo XV en occidente ha sido el salto cualitativo más importante, pero no es ni marca, en sí, el momento en que nació la ciencia. El empirismo, tan propio de la ciencia de entonces, aún se mantiene vivo y fuerte en la ciencia actual, sin embargo los límites del empirismo puro no debería ser un escollo para estudiar la naturaleza humana. La falta de evidencias coherentes con la camisa de fuerza que nos impone la “medicina de la evidencia”, por ejemplo, no debe ser un impedimento para el estudio de fenómenos energéticamente sutiles y no locales, como son las causas profundas de por qué nos enfermamos.

El ejercicio de la investigación científica, que es la base de la medicina alópata transcurre, en la mayoría de los casos, en algunas universidades, no en todas, en laboratorios o en clínicas equipadas con costosa tecnología. La investigación en farmacología, que constituye un recurso cada más significativo en la terapéutica es financiada en gran medida o es propiedad de consorcios mundiales cuyos intereses económicos ponen las bondades curativas de sus productos en un segundo plano respecto a las ganancias económicas que puedan generarles, independientemente de si esos compuestos son frecuentemente inalcanzables para los más pobres y para los menos abundantes, es decir, para la mayoría de la población de este planeta. 

clinic-doctor-health-hospital¿Es posible el ejercicio de la ciencia más allá de las grandes instituciones?

Escribo parte de la historia de un pequeño grupo de profesionales de mi país, no por lo original de ella o no solamente porque sea la nuestra, sino porque a través de ella quiero honrar a todos los médicos y no médicos que han hecho de la ciencia el sentido de su existencia en favor de la paz interior de ellos mismos y de sus pacientes, al tiempo que han hecho del desarrollo de nuevos conocimientos sobre la complejidad de todo el Ser Humano su razón de existir. A través de la experiencia de mi grupo más cercano, quiero honrar el aporte de muchos amantes de la ciencia, que con sus propios medios, hacen lo posible para dignificar su vida mediante la ciencia aplicada.

Soy el Director Médico de un pequeño Centro de Medicina, en una contaminada ciudad, en un pequeño país llamado Chile, al Sur de nuestro planeta. Hace unos 25 años me percaté, casi repentinamente, que me ocupaba solo de “casos”, especialmente de aquellos que sufrían problemas con la “bomba” que anatómicamente llamamos corazón. La frialdad con que la comunidad médica se refería a los fragmentos de un Ser Humano no fragmentable, nos impulsaba a no quedar atónitos, sino a atrevernos a ofrecer alternativas de pensamiento y acción que dieran cuenta de la necesidad de entender más humanamente al humano. Con un pequeño grupo de colegas nos dimos cuenta que debíamos hacer algo más que escribir abundantes recetas de químicos sintéticos dirigidas a paliar síntomas en órganos disfuncionantes. En ese entonces llegamos a preguntarnos si nuestra amada profesión de médicos se limitaría, durante toda la vida, a paliar síntomas (asunto también vital en el sufriente) pero esencialmente a ser eficientes prestadores de servicios a favor de los intereses económicos de ciertos consorcios farmacológicos a nivel mundial y de un estilo de ver la vida donde la enfermedad se ha convertido en un buen negocio y donde se entiende como sinónimo de desarrollo el consumismo de bienes materiales.

boy-1546843_1920En esa profunda crisis existencial nos percatamos que no sabíamos muy poco o nada acerca de las causas profundas de los síntomas y enfermedades, tomamos conciencia que nos habíamos convertido en expertos en la descripción de la mecánica de las enfermedades y que la etiología que manejábamos siempre apuntaba a los factores externos. En nuestras tertulias nos dimos cuenta que una parte nuestra seguía creyendo que el profuso smog de Santiago era la causa que generaba crisis asmáticas en sus habitantes. Lo creímos hasta que vimos lo obvio, lo que habiendo estado siempre presente  había quedado en la invisibilidad de la transparencia: no todos los que respiramos el mismo aire enfermábamos y que incluso personas altamente expuestas a esas toxinas gozaban de buena salud. En esos tiempos nos sonrojábamos toda vez que pensábamos en la inocencia de nuestras creencias alópatas, también sufrimos al descubrir cuan poco sabíamos sobre la naturaleza humana, a pesar de haber dedicado tantos años de nuestra vida al estudio en buenos institutos y en bien calificadas universidades; todo lo aprendido no nos servía para entender cómo se relacionaba la emoción y la mente con la aparición de patologías; intuíamos que los antiguos maestros, en los albores de la medicina occidental, habían tenido una opinión positiva al respecto pero que en el fragor de la modernidad, la propia ciencia había ido perdiendo progresivamente el interés por la compleja  totalidad que somos.

Luego tomamos la decisión de hacer caminos propios. Hace ya un cuarto de siglo que decidí investigar la relación entre los conflictos que hacemos los seres humanos como respuesta a los desafíos de la adaptación, y la respuesta preferente de ciertos órganos en un tipo particular de lenguaje codificado, que llamamos síntoma o enfermedad.

Han sido muchas las personas que nos han acompañado. La mayoría de nosotros partimos siendo fieles monistas metodológicos, de manera que la sistematización de los casos, la cuantificación, la comparación, la síntesis y el análisis, como la bioestadística fueron herramientas útiles que nos han llevado a sostener y hacer crecer en nosotros un gran respeto por el método científico. Sin embargo, a través de la aplicación del método empírico – analítico nos percatamos también que no era posible siquiera acercarse a la comprensión de las preguntas esenciales de la vida humana. Más de una vez, entre sonrisas, nos hemos preguntado por el órgano físico de “la paz interior”, del “desarrollo de la conciencia”, del “crecimiento espiritual”, etc., y no hemos encontrado más que solamente un gran vacío en la mirada de mis colegas localizacionistas, o un sincrónico encogerse de hombros frente a preguntas no aprehendibles en el paradigma predominante y por lo tanto antojadizamente calificadas como “no científicas”.

Tengo la fortuna de ser el líder de un pequeño grupo de profesionales comprometidos con una ciencia aplicada y por los fenómenos holográficos en el ámbito de la salud. Durante varios años fue mi “hobby” el estudio de la no localidad cuántica, para algunos autores descrita como fenomenología. Para nosotros fue un apasionante período de experimentación en el terreno cognitivo mediante la intuición, donde la actividad del cerebro parece estar en el centro del acontecimiento individual.

solar-flare-1784688_1280Nuestros experimentos no niegan ni la ciencia ni la consciencia, más bien entendemos a ambas como manifestaciones de la misma naturaleza humana. Sabemos que somos más una máquina, pero no le tememos al uso de la tecnología, cuando esta nos ayuda a entender mejor el fenómeno de la salud y la enfermedad. Desde hace algunos años nos ocupamos del tratamiento de patologías que comprometen al sistema nervioso central, para ello utilizamos moderna tecnología, pero intentamos interpretar los exámenes funcionales y el propio tratamiento con rTMS como un facilitador de cambios que requiere hacer el observador que hasta ese momento hemos sido. Hemos hecho experiencias maravillosas que comprueban el importante rol terapéutico de los pulsos magnéticos en el cerebro, sabemos del rol que juega la influencia neuronal en el crecimiento tumoral y estamos esperanzados en conocer más de ello para complementarlo a las terapias alópatas; todo lo aprendido lo hemos puesto a disposición de nuestros pacientes.

En conjunto con un grupo de ingenieros chilenos hemos estudiado la posibilidad de desarrollar tecnología de bajo costo para el tratamiento sintomatológico de enfermedades tales como la enfermedad de Parkinson y otras. Tenemos registro de una importante cantidad de pacientes que han sido actores de esos estudios y esperamos refrendar los resultados obtenidos una vez que termine la fase piloto de los estudios. Con ello pretendemos aportar también al proceso de autonomía de los países pequeños en el área tecnológica.

Somos aún pocos, pero eso no importa mucho en el contexto de la historia. Lo cierto es que ahora somos muchos más que el grupo de hace 25 años. Médicos, psicólogos y muchos profesionales de la salud oficial, como de corrientes terapéuticas complementarias nos tendemos la mano para avanzar en la comprensión científica de los procesos de nuestros pacientes. Justamente este año 2016 un pionero de esta tendencia del nuevo pensamiento médico me invitó a participar como estudiante en un curso de “métodos de investigación cualitativa” que no reemplazan, sino enriquecen lo que somos capaces de deducir mediante la cuantificación.

Con ello seguimos estimulando a que participen activamente cada vez más personas en el proceso de sanación, les acompañamos en el proceso de construcción de las indispensables herramientas para el empoderamiento de ellos y de la población en general. No negamos en absoluto el importante rol de médicos y terapeutas, pero estimulamos a los propios pacientes para que asuman un rol activo y coadyuvante en el logro de los necesarios nuevos equilibrios.

Nuestras limitaciones económicas nunca han sido un justificativo para dejar de pesquisar.  Acabamos de terminar dos años de estudio en torno a un mineral volcánico y su rol en procesos patológicos caracterizados por una marcada acidez del cuerpo físico. En ese proceso nos sorprendió algo obvio: algunas emociones específicas son capaces de generar rotundos cambios en el pH de la persona.

La ausencia de medios financieros es cubierta casi siempre por la disposición de nuestros pacientes a financiar ellos mismos algunos gastos como exámenes bioquímicos e incluso exámenes funcionales cerebrales, que son absolutamente necesarios para controlar la evolución de sus síntomas y poder semicuantificar lo que realmente nos interesa: la elevación de la calidad de vida de nuestros queridos probando.La participación activa de los pacientes en el trabajo científico es también un aporte para superar la brecha existente entre la ciencia y la sociedad.

pexels-photo-132477La ciencia es muy variada y así también hemos hecho de nuestro quehacer una gran diversidad de trabajos e investigaciones. El año 2016 ha marcado el inicio de un estudio clínicos en biofotónica; estudiamos el rol de ciertas frecuencias de ondas, en el rango de la luz visible, sobre procesos asociados al circuito día – noche, tales como la calidad y calidad del sueño, trastornos de la memoria, depresiones asociadas a estaciones del año, etc. Sostenemos que es posible la participación democrática de todos los que están motivados por hacer de la ciencia una herramienta al alcance de muchos.

No nos abruma las dificultades que debemos enfrentar, una burocracia que no estimula económicamente la investigación en pequeños centros como el que dirijo, al revés, nos imponen tantas exigencias que es preferible optar por el “estudio de casos” que someterse a la amenaza de sanciones por no poder cumplir exigencias materiales que solamente gente con muchos recursos puede satisfacer.

Para el próximo año tenemos un sueño; lo compartimos con un grupo de amigos dedicados a la ontología desde el lenguaje, la emoción y la corporalidad. Nos hemos propuesto investigar la incidencia de las conversaciones y del cuerpo en movimiento en la salud de la persona. Juntos pretendemos hacer un aporte a una ciencia más humana, a un nuevo paradigma que trascienda el necesario estudio de los fragmentos, de los fenómenos anatómicamente localizables y que sea capaz de entendernos en la complejidad de la especie que constituimos.

No nos hacemos ilusiones de que estos pequeños emprendimientos vayan a esparcirse por el mundo ahora mismo, no queremos frustrarnos con las expectativas de que nosotros mismos viviremos para participar de la belleza de un nuevo paradigma científico, democrático y participativo.

Las grandes causas son gigantes no por la inmediatez de sus resultados, sino por la fuerza inspiradora de un cambio imparable, aunque la rueda del tiempo deba recorrer aún un largo camino.

¿Y qué hacer ahora, mientras vivamos?

Mantener viva la conciencia de nuestra imparable necesidad de saber más sobre el Ser Humano, seguir haciendo lo necesario para servirle, a pesar de las dificultades.

La conciencia, como la ciencia, son fenómenos inmortales, infinitos.

Introducción a la historia de la ciencia, Lic. Rubén Cañedo Andalia, ACIMED 4(3):38 -41, septiembre-diciembre, 1996

En ese tiempo tuve la suerte también de conocer al Dr. Ronald Schulz, un médico investigador en el área de la hipnosis regresiva. Con él hicimos un verdadero peregrinaje en muchas escuelas de medicina, predicando la necesidad de ejercer la medicina centrada en todo el ser humano y no el órgano separado de la complejidad de Ser Humano.  Su fallecimiento fue una gran pérdida para el desarrollo de una ciencia abierta al estudio de fenómenos energéticos sutiles y no locales.

rTMS = repetitive Transcraneal Magnetic Stimulation, un procedimiento que permite, por lo menos, la reparación de redes neuronales, si al mismo tiempo se dan condiciones para que el “reaprendizaje neuronal” sea apoyado por cambios en la interpretación de los conflictos y en las acciones con que enfrentamos las causales de la enfermedad.

Injusto nombre porque sugiere que ellos “esperan pasivamente”. Bajo mi propia responsabilidad he optado por nombrar su tarea como la  paz-ciencia, que sugiere que son practicantes de la “ciencia de la paz”. A la mayoría de ellos les encanta sentirse actores de esa ciencia, tan útil para ellos como para todo el planeta.

Dr. Claudio Méndez, un ícono en Chile en el contexto de la sintergética, un concepto sintetizador de ideas y procedimientos terapéuticos provenientes de  múltiples culturas.

Chile es un país muy rico en volcanes y la hiperactividad de algunos de ellos podría ayudarnos a mejorar nuestro sistema inmunológico, a limpiarnos de muchas sustancias tóxicas que acumulamos gracias a la vida moderna. Gracias a este mineral, podría mejorar la esperanza y la calidad de vida de muchos pacientes, incluso de muchos que cursan cáncer.

Fuente: The Newfield Network – Wilson Araya, médico especialista y Coach Ontológico

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